
Por Alexander Becerra O.
En una biblioteca decente, de seguro, debe estar este libro. Es el último que leí, lo terminé apenas esta semana y debo decir que su calidad está a la altura del Nobel, en este caso J. M. Coetzee, quien a juicio de algunos escritores es, hoy por hoy, uno de los grandes novelistas vivos. Elizbeth costello, una escritora madura, de 76 años, con ún éxito lejano, es el personaje principal de esta novela, quien pone de manifiesto sus principios y convicciones. En ocon ocho conferencias alrededor del mundo Costello habla de los animlaes, la vida de los animales, la relación de los animales y el hombre (entre otros temas), que dejan ver algo más allá de la mera realidad. Diría yo, yo, que es un libro fiósófico, que basa su razón en encontrar un equilibrio existencial, aunque ello lleve a sentar posiciones muy arriesgadas en la sociedad actual. Este libro fue escrito hace apenas siete años, en el 2003, cuando también fue reconocido con el Nobel este escritor, nacido en Sudáfrica. Valdría la pena leer Elizabeth Costello dos veces, estoy seguro de que en un segundo acercamiento las posibilidades de encontrar más respuestas serán mayores. Lo pienso volver a leer, quizá en un par de años y complementaré esta parte del comentario. Dejo este espacio ( ) para esa empresa. Debo decir también, que el personaje de Elizabeth aparece en otros títulos del autor, y según he conocido, en Hombre lento (2005) estuvo presente por última vez. No puedo ahondar en juicios sobre la trayectoria de Coetzee porque apenas empiezo a conocer sus virtudes ( ), pero con Desgracia, Hombre lento y El maestro de Petersburgo (en fila india) espero tener una idea más clara, de aquí a un par de meses, cuando de seguro volveré por estas tierras polvorientas.


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