El paraíso en la otra esquina (2003)

 Alexander Becerra O.

Quién ha dicho que la vida es fácil.. . Menos fácil habría de ser para un par de personajes que en procura de sus propios ideales lucharon hasta encontrar la muerte. No es un libro fatalista, no es un libro donde la muerte esté de plano, es un libro en el que el valor, la lucha férrea por las ideas, la búsqueda de los sueños, el carácter... dejan de lado cualquier obstáculo, y la muerte pasa a ser un premio.

Flora Tristán, ¡querida Andaluza!, mujer de los mil demonios, qué alto llegaste.

Cuántas luchas recorriendo oscuros callejones europeos, con la sangre caliente, quizá por esos tormentosos años, huyéndole a la pobreza, a la miseria, pero ahora, por increíble que parezca, buscándolas.

Esa fue Flora Tristán, empeñada en hacer valer los derechos de las mujeres y los obreros, se enfrentó a todo y a todos, dejó a un lado lo poco que tenía y rechazó lo que el destino tenía preparado para ella. No era lo que deseaba ser, no quería convertirse en una burguesa, lo suyo era muy superior, era un pensamiento, que se tradujo en la infinita rabia que estallaba por dentro cuando las injusticias que a comienzos del siglo XIX parecían un evangelio, se lo exigían.

Vargas Llosa nos presenta a Flora. Nos la entrega en una bandeja destartalada para que la degustemos, para que nos impregnemos de su olor, de su rico espíritu combativo, para que nos untemos de su sangre de ascendencia peruana, hija del  coronel Mariano Tristán y Moscoso.

Qué rica estás Flora, pero nunca imaginaste que cuatro años después del final feliz, de tu muerte y con ella el nacimiento del mito, nacería tu nieto Paul Gauguin. Quién iba a pensarlo.

Paul, Koke, Gauguin... escogió los paraísos perdidos de la Polinesia como caballete de libertad, se bañó con la luz limeña, conoció las vísceras del poder burgués y encontró su premio a la lucha.

Qué loco eras, al menos el Gauguin de Llosa te deja ver como un loco, sin suerte, con la desgracia a cuestas, esa que te llevó a perder todo, familia, amigos, poder... sólo soñabas con tus vaginas salvajes, con la desconocido... Paul, qué tesón.

Dos vidas paralelas en tiempos distintos que invitan al respeto. Cada cual busca sus propios paraísos.

(Este libro se terminó de leer el 12 de noviembre de 2010)

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Se quitó el pareo que le cubría la parte inferior del cuerpo, y quedó desnudo, con la verga medio erecta muy visible en el flaco resplandor de la fogata. Nadie lo imitó. Lo miraban con indiferencia o curiosidad, pero no se sentían concernidos. ¿A qué tenían miedo, zombies? Nadie le respondió. Seguían bailando, cantando o bebiendo, como si él no estuviera allí. ¨(Pág 43).

 

 

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Link de interés

Mario Vargas Llosa produce entre sus contemporáneos una incomodidad que se me antoja similar a la que Thomas Mann provocaba entre los suyos. En el novelista peruano todo es anhelo de perfección y oficio labrado con admirable paciencia. Su aspecto impecable, la naturalidad con la que permite a los periodistas seguirlo hasta Tahití mientras prepara El Paraíso en la otra esquina, y sus opiniones políticas, siempre sensatas aun cuando exhiban una valentía radical, hacen de Vargas Llosa una figura ejemplar. Esa singularidad lo convierte en uno de los últimos novelistas burgueses, en la noble acepción que lo cobija junto a Balzac, Victor Hugo, Flaubert, Dickens.

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