Ursúa

«Aprendía a querer esta tierra por las palabras de un hombre que no la quería. Veo a Ursúa en las cosas que esquivaba y odiaba, porque unas alas de sangre lo llevaron sobre los reinos sin permitirle reposar ni un instante, pájaro rojo atravesando milagrosas florestas pero incapaz de comprenderlas, negro viento fatídico entre ramas que prometen en vano la dicha.»
 
  «...había mares de perlas y flechas con la muerte pintad de azul en la punta; había muchachas bellísimas que se alimentaban de piojos; había ranas más venenosas que diez mil indios y serpientes en el fondo de los lagos, que tenían alianzas con el trueno; había muchedumbres guerreras más silenciosas que la niebla y legiones de cristianos avanzando con el credo en los labios entre aldeas de brujos y selvas mortales.»

El país de la canela

El 4 de junio de 2009 Willam Ospina fue anunciado ganador del Premio de Novela Rómulo Gallegos por "El país de la canela".

"Fue en las terrazas saqueadas del Quzco donde Gonzalo Pizarro oyó por primera vez hablar del país de la Canela. Él tenía como todos la esperanza de que hubiera canela en el nuevo mundo, y cuando pudo dio a probar a los indios bebidas con canela, para ver si la reconocían. Un día, indios de la cordillera le contaron que al norte, más allá de los montes nevados de Quito, girando hacia el este por las montañas y descendiendo detrás de los riscos de hielo, había bosques que tenían canela en abundancia".

"Cuando corrió la voz de que lo que nos esperaba tras las montañas no era un pequeño bosque sino todo un país de caneleros, el delirio dominó a los soldados. Todos creyeron, todos creímos a ciegas en el país de la Canela, porque alguien había contado que ese país existía y centenares de hombres necesitábamos que existiera".

Tras la firme y osada decisión de viajar a Perú a reclamar una herencia que había sido usurpada a su padre por los Pizarro, el narrador de la segunda novela de Ospina, Cristóbal de Aguilar y Medina, se encuentra con Gonzalo Pizarro, que le promete pagar la deuda si lo acompaña a una expedición que intenta llegar a un supuesto país rico en árboles de canela.

Después de muchas aventuras los expedicionarios no encuentran lo que buscan, la canela de dicho país no sirve. Con sentimientos encontrados y dominado por la desilusión, Gonzalo Pizarro enloquece y ordena el asesinato de todos los indios que había arrastrado a la expedición.

Tras la sanguinaria orden, los expedicionarios deciden avanzar por la selva, controlados por el hambre y las dificultades, hasta que se encuentran cara a cara con su destino, el río Amazonas, única vía de escape de la selva y su última esperanza de vida.

Con anhelo, miedo y cansancio los hombres construyen un barco e inician una travesía de más de diez meses llena de sorpresas, con la que el escritor William Ospina vuelve a hacernos sentir las maravillas de ese territorio descubiertas y padecidas en ese entonces por la raza que algún momento nos dominó.

Un LINK muy interesante sobre la presentación del libro en Lima.

La serpiente sin ojos...