El maestro de Petersburgo - J.M. Coetzee (1994)
Alexander Becerra O.
Nunca dejan de impactarme los personajes de Coetzee. Cuando tomé el libro hace un par de días poco sabía de él, por eso la sorpresa de encontrar a Dostoievski en su interior fue memorable, además de enorme. Una historia dramática (¿Como todas las de Coetzee?), que cuenta como este célebre escritor viaja a Petersburgo en busca de datos que le permitan saber porque murió su hijastro. Allí ha de encontrar una serie de personajes no menos ‘fuertes' que él, con quienes vivirá una experiencia tormentosa, amorosa, salvaje, primitiva...
Una mujer que podría recordarle la palabra amor, una niña misteriosa, un revolucionario enconado y él, un escritor entrado en años, con un peso muy grande a sus espaldas...
Perfiles psicológicos muy logrados en esta novela, publicada en 1994, cuyas ocurrencias se leen de un tirón. Quienes ya conocen la tinta de este autor sudafricano quedarán satisfechos, un buen coctel, añejo, pero exquisito.
(Este libro se terminó de leer el 14 de noviembre de 2010)
Hay una broma, un chiste de sitcom, que funciona de la siguiente manera, por ejemplo, te planteas: ¿qué sería de Jennifer López si anularas su derriére o de Pamela Anderson sin sus senos? Uno contestaría: una mujer común y corriente. Y este cuestionario humorístico tiene utilidad en otras áreas de la vida, incluso en la literatura y dependiendo de la respuesta es posible hacerse una idea del tipo de escritor frente al que estamos. Si al Quijote le quitas el humor, aún tendrá muchos valores, si a Faulkner lo privas de lo mítico igual sobreviviría como un autor mayor. Y esto, sinceramente, era lo que cada vez que retomaba "El maestro de Petersburgo" pensaba: si a este libro le quitaras la historia emocional, ¿qué quedaría?, avanzaba unas páginas y encontraba una sólida estructura de intriga; ¿y si le quitara la intriga?; la reflexión sobre el totalitarismo, sobre las revoluciones amorfas; si le quitaba eso llegaba el detallado análisis sobre la relación entre padres e hijos, también estaban la recreación del proceso creativo de un escritor, con el agregado de que ese escritor es Fiodor Dostoievski. Tantas preguntas hasta cerrar el libro en su última página y quedar con prácticamente la certeza de que, aún privado de todo, persistiría, en palabras de Edna O'Brien, un "trocito de magia"....Continúa...

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