Alexander Becerra Osma

Terror, eso era lo que inspiraba el Chivo, ese personaje que durante 31 años hizo de Santo Domingo, su dominio, su fortaleza, su ciudad - Ciudad Trujillo, Chivo, que astuto y criminal...- y de República Dominicana, su país.

El Chivo, Rafael Leónidas Trujillo Molina, su Excelencia, el personaje principal de esta novela, el dictador que nos presenta Mario Vargas Llosa es la figura del terror, una persona sin escrúpulos, a quien nunca le tiembla la mano y quien nunca suda a la hora de callar a sus contradictores y quien nunca encontró obstáculos para conseguir lo que quiso. Una hoz.

"Trujillo podía hacer que el agua se volviera vino y los panes se multiplicaran, si le daba en los cojones". (Pág. 29. Ed. Punto de Lectura).

Logró silenciar a las hermanas Mirabal, silenciar a la Iglesia, silenciar a Estados Unidos, silenciar a los pequeños enemigos del régimen, pequeños detractores, monstruos, hasta lacayos calló... _Vaya disparates los tuyos, Chivo. Dios y Trujillo juntos en un mismo lugar-.

Pero no es un Chivo inmortal el que nos presenta Vargas Llosa, es también el Chivo del último año, el Chivo que huele a muerto, el Chivo que está a punto de ser fulminado por la balas con el beneplácito de Santo Tomás, muerte al Chivo replican los ecos, muerte al criminal que durante tres décadas desangró esta isla.

Qué difíciles años, pero cómo empezaba todo a cambiar después de 31 veranos de espera. Rafael Leónidas cogiendo sus últimos días, las últimas nalguitas que veía... algo grande se fraguaba y estaba a punto de suceder, pero antes debía sufrir, de eso no se escapaba el Chivo, del sufrimiento, cuanta desgracias en esa próstata, y cuántos malos ratos con las niñas inocentes... con Uranita Cabral.

"Tenía los ojos enrojecidos y en sus pupilas ardía una luz amarilla, febril, de rabia y vergüenza. La miraba sin asomo de aquella cortesía, con una hostilidad beligerante, como si ella le hubiera hecho un daño irreparable.

--Te equivocas si crees que vas a salir de aquí virgen, a burlarte de mi con tu padre -deletreaba, con sorda cólera, soltando gallos.

Cogiéndola de un brazo la tumbó a su lado. Ayudándose con movimientos de las piernas y la cintura, se montó sobre ella. Esa masa de carne la aplastaba, la hundía en el colchón; el aliento a coñac y a rabia la mareaba. Sentía sus músculos y huesos triturados, pulverizados. Pero la asfixia no evitó que advirtiera la rudeza de esa mano, de esos dedos que exploraban, escarbaban y entraban en ella a la fuerza. Se sintió rajada, acuchillada; un relámpago corrió de su cerebro a los pies. Gimió, sintiendo que se moría.

--Chilla, perrita, a ver si aprendes -le escupió la vocecita hiriente y ofendida de Su Excelencia-. Ahora, ábrete. Déjame ver si lo tienes roto de verdad y no chillas de farsante.

--Era de verdad. Tenía sangre en las piernas; lo manchaba a él, y la colcha y la cama.

--¡Basta, basta! Para qué más, hija -ruge su tía-. Ven acá, persignémonos, recemos. Por lo que tú más quieras, hijita. ¿Crees en Dios? ¿En Nuestra Señora de la Altagracia, patrona de los dominicanos? Tu madre era tan devota de ella, Uranita. La recuerdo, preparándose cada 21 de enero para la peregrinación a la Basílica de Higuey. Estás llena de rencor y de odio. Eso no es bueno. Aunque te pasara lo que te pasó. Recemos, hijita.

--Y entonces -dice Urania, sin hacerle caso-, Su Excelencia volvió a tenderse de espaldas, a cubrirse los ojos. Se quedó quieto, quietecito. No estaba dormido. Se le escapó un sollozo. Empezó a llorar. (Pág. 515. Ibíd.).

-Estabas en la cima Chivo, desde donde todo y todos se ven pequeños-. La Fiesta del Chivo es también un encuentro con un grupo, de esos pequeños hombres, que sacan de muy adentro aquello que se llama fortaleza, para empezar a erigir una nueva República Dominicana.

Modesto Díaz, Salvador Estrella Sadhalá, Antonio de la Maza, Amado García Guerrero (Amadito), Manuel Cáceres, Juan Tomás Díaz, Roberto Pastoriza Neret, Luis Amiamá Tió, Antonio Imbert, Pedro Livio Cedeño, Huáscar Tejada... Cuánto valor... Era el fin de su excelencia, las balas de la libertad perforaban el Chevrolet Bel Air azul claro, todo volvía a empezar.

--¡Está muerto, coño!

Él y Amadito echaron a correr. Segundos después, Salvador se detenía, alargaba la cabeza sobre los hombros de Tony Imbert y de Antonio, que, uno con un encendedor y otro con palitos de fósforos, examinaban el cuerpo bañado en sangre, vestido de verde oliva, la cara destrozada, que yacía en el pavimento sobre un charco de sangre. La Bestia, muerta. No tuvo tiempo de dar gracias al cielo, oyó carreras y tuvo la seguridad de que oía tiros, allá, detrás del auto de Trujillo. Sin reflexionar, alzó su revólver y disparó, convencido de que eran caliés, ayudantes militares, que acudían en ayuda del jefe, y, muy cerca, oyó gemir a Pedro Livio Cedeño, alcanzado por sus balazos. Fue como si se abriera la tierra, como si, desde ese abismo, se levantara riéndose de él la carcajada del Maligno. (Ibíd. Pág. 253).

 

Urania Cabral

Desde el relato Urania Cabral podemos encontrar una historia convincente, a pesar de que es uno de los pocos personajes ficticios de la Fiesta del Chivo, al igual que el de su padre, Agustín Cabral "Cerebrito".

La historia de Urania, quien nos detalla su retorno a República Dominicana en 1996, es quizá el resumen de las miles de fechorías de Rafael Leónidas Trujillo. Urania decide enfrentar un presente que le lleva a un pasado muy doloroso, cuando "Cerebrito" (pilar de la dictadura como presidente del Senado) obedecía órdenes y cometía locuras en nombre del Chivo. - Qué padre que tocó uranita. Era la hora de tu venganza-.

"--Si no quieres ir, no irás, Uranita -Agustín Cabral se restriega las manos, como si, en ese atardecer caluroso que se está volviendo noche, él tuviera frío-. Llamo ahora mismo a Manuel Alfonso y le digo que te sientes mal, que te disculpe con el Jefe. No tienes ninguna obligación, hijita". (Ibíd. Pág. 354).

En síntesis, La fiesta del Chivo es un repaso a los 31 años de terror trujillano, con una mirada muy cercana de Vargas Llosa sobre los personajes. Puede ser considerada como una de las mejores novelas del Nobel 2010, sin duda, estamos ante un gran título. Sólo la aparición de otro mejor podría quitar este rótulo.  -El paso a la DEMOCRACIA, Zaballta, el paso a la DEMOCRACIA -.

(Este libro se terminó de leer el 24 de noviembre de 2010)

 

 

Quien quiera ver la película basada en la novela de

Vargas Llosa, sólo tiene que escribir...