
Alexander Becerra O.
Elvalor es algo relativo.
Hace un par de meses me encontré con una anodina feria del libro en la ciudad en la cual vivo. La verdad, poco llevaba en los bolsillos como para aventurarme a salir con algún ejemplar relativamente interesante. Fue por eso, por la timidez de mis monedas, que decidí pasar de largo hacia el lugar acondicionado para personas como yo: 'El rincón del remate'. En resumen,después de media hora de escarbar como reciclador me encontré con los dos trópicos de Henry Miller, el de Cáncer y el de Capricornio. Una edición de Círculo de Lectores de 1977, adquirida por Javier Rodríguez en Bucaramanga en 1981(si alguien lo ve, que yo tengo los libros) . Cuatro mil pesos saqué y se los di a esa insignificante señora a quién yo acababa de robar untesoro del cual ella no conocía el valor, o mejor, quizá para ella esos 'huesos' no eran ningún tesoro, eran unos libros viejos, que nadie lee, que a nadie leinteresan, estorbos literarios, maricas libros. Nada atractivo como para ubicarlo al lado del charlatán Coelho. Basura, eso era lo que ella tenía, basura, pero para mí era ya un tesoro rescatado de las catervas del olvido.
Cuenta la historia que tardé casi tres capítulos en tomarle el paso a este genio literario, pero no era para menos; es que no estábamos hablando de un culebrón nacional con india Catalina a bordo, era nada menos que una de las obras que cambió el sinfónico panorama literario de la primera mitad del siglo XX. Un Henry Miller internado en la prostituta París narra de manera autobiográfica sus aventuras sórdidas en la musa europea. Con un lenguaje mundano, rayando en lo oscuro, el escritor neoyorquino nos infecta de su pus, de esa quinta esencia revuelta con sangre, sudor y tinta. Un atrevimiento para estar despuntandoapenas el año 1934. De hecho, el escándalo fue la primera respuesta que tuvo la novela. En algunos países la prohibieron, en otros quizás la quemaron, pero alguien la conservó y solo 40, 50 años después, se empezó a dar a Miller y sus trópicos, el lugar que les correspondía en la literatura universal.
Yo le doy su lugar 77 años después de su primer trópico.
Y con esa manía que se apoderó de mí, que me sodomiza, que me lleva la mano y me obliga a titular lo que no tenga nombre, bauticé como ‘Inhumano’ al antepenúltimo capítulo de esta novela. Insípida señora, que no supo lo que robé. Me permito plasmar aquí algunas citas de este Capítulo, a modo de compartir, sé que a la mitad de quienes pasan por aquí nos le va a gustar, pero finalmente mi objetivo no es que les agrade, sino complacerme, una especie de onanismo mental…satisfacción.
“Donde hay luces, hay gente en la acera, que chocan unos con otros, que despiden un poco de calor animal a través de su sucia ropa interiory su aliento fétido y maldiciente. Puede que por un trecho de ocho o diez manzanas haya una apariencia de alegría, pero después vuelves a caer en la noche, una noche deprimente, asquerosa, negra como grasa helada en una sopera”: Pág 206.
No es color lo que presenta el paisaje para Miller, es oscuridad. Un montón de cosas que llevan a la más pura miseria de carácter y justicia. Un gran cúmulo de desechos que satisfacen apenas las necesidades del macho cabrío. Del hombre que no tiene problemas en conformarse con el placer. Al fin y alcabo de qué más se trata la vida.
“Las chavalas se han desnudado y estamos examinando el suelo paracerciorarnos de que no se clavarán ninguna astilla en el culo. Todavía llevan puestos los zapatos de tacón alto. Pero, ¡el culo! El culo está gastado, raspado,lisado, liso, duro, brillante como una bola de billar o el cráneo de un leproso. En la pared está el retrato de Mona: mira hacia el nordeste, en una línea con Cracovia escrita en tinta verde. A su izquierda está Dordoña, dentro de un círculo a lápiz rojo. De repente, veo frente a mí una raja oscura y peluda, abierta en una bola de billar brillante y bruñida, las piernas me atenazan como unas tijeras. Una mirada a esa herida y se me abre una profunda herida en el cerebro: las imágenes brotan distraídamente, desordenadamente,como hormigas que salen de una grieta en la acera; (…).
Son dos pequeños fragmentos de este torrente de imaginación y desenfreno. Me viene bien en este momento. Me uno a la perversión de Miller, pero también me alegra que haya quién no le den valor a esas historias, porque de esa manera será más fácil, para quienes sí damos el valor que les corresponde, poder conseguirlas. No es un punto final que el valor sea relativo, pero es un punto de referencia para mí.
Gracias a esa relatividad conocí Trópico de Cáncer y gracias a esa ceguera conoceré Trópico de Capricornio. Está claro que no se trata de tener mucho, sino de que haya uno, dos, cien, que tengan menos, para que los tesoros estén al alcance de nuestras manos.

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