Por ALEXANDER BECERRA O. vlbecerra@hotmail.com -Roger Casement, particular personaje el que Vargas Llosa nos presenta en esta, su última novela. Casement fue un irlandés que se atrevió a revelar los abusos, atropellos, injusticias, ignominias y cualquier forma de colonialismo, que bajo el disfraz progresista, europeos (patrocinados por la corona Británica) llevaron al Congo y la Amazonía. Desde luego a otros lugares también, pero la vida convulsa de Casement se balancea entre estos dos sitios, que por su riqueza natural fueron explotados hasta la saciedad.Sin embargo, Casement también tuvo la osadía de revelarse contra el Imperio Británico, y hacer alianza con Alemania, situación que no le fue perdonada, mucho menos en el alba de la Primera Guerra Mundial. Como toda buena obra de V. Llosa, la historia se desarrolla en paralelos remotos, con el factor tiempo de por medio. El presente es nada menos que un Casement en una celda de Londres, a la espera de milagro que salve su vida. Y es que necesitaba realmente de un milagro (condición que por desconocido procedencia, avisa en las primeras líneas que nuestro personaje está acabado) para salir vivo de allí.Las fuertes denuncias que hizo ante la comisión parlamentaria en su ‘Libro azul' lo pusieron de lado de la Corona, pero su cerrado nacionalismo, que le indicaba que Irlanda sufrió la misma explotación a manos de Inglaterra lo hicieron merecedor del escarmiento. La sociedad lo señaló en la cara, lo tildó de traidor, desprestigió a este hombre, que como cónsul hizo el trabajo que debía hacer, pero ahora se convertía en un enemigo potencial para los intereses británicos. Los informes del Congo fueron reveladores.I. El Congo. Relatos que no necesitan demasiada explicación, que por la condición de maldad que carga el hombre desde Java, cualquiera debe entender. Ningún desprevenido necesitará detalles de cómo cortar la mano de un negro congolés con un arma de apreciado filo. De cómo arrebatar mujer e hijos a un nativo como prenda de garantía para que su trabajo de recolección de caucho se cumpla a cabalidad. De cómo cortar una oreja a un niño congolés solo con el ánimo de saber cuánto tiempo lleva esta operación. Necesita explicación ese comportamiento. Quizá el factor ‘causa' debería ser estudiado, pero la ejecución no amerita igual trabajo. Debería ser denunciado este exterminio canceroso, y así lo hizo Casement."No es para esto que los europeos hemos venido a África", diría alguna vez. Fueron 20 años, algo más, menos... contando por miles estas mismas tragedias. Qué buen lugar para llevar la civilización resultó ser El Congo. La espera continúa y en la celda el excremento lentamente se convierte en el factor dominante. Gracias a dios es su propio excremento, eso puede hacer las cosas más llevaderas.‘El sueño del celta', un poema que ya lo inquietaba, como también lo inquietaban los congoleses bien formados.II. La Amazonía. Las diferencias entre la selva amazónica y el Congo no resultaron ser tan grandes. Porque debían serlo, al fin y al cabo la empresa para la cual fueron escogidas estas dos zonas era la misa: explotación, barbarie, engaño, violación, intimidación, desarraigo... Después de sus largos años en África Casement se embarca en una nueva odisea, donde las cosas que encuentra no son nada alentadoras. Su espíritu sigue cayendo, la realidad lo mortifica, lo lastima. Las marcas de los nativos se empiezan a convertir en sus marcas. La piel con las iniciales de Julio Arana lo lacera. Empieza un nuevo sufrimiento por las caucheras del Putumayo, esos límites entre Colombia y Perú... que mejor lugar para llevar el progreso. Al igual que en el ‘Continente Negro', en América reinaba el silencio y en especial el miedo para denunciar a los responsables de tanta crueldad. Fue una tarea ardua, primero encontrar quien señalara a los responsables, y luego, no menos dispendiosa, la tarea de comprobar a cada paso que daba, cuan ciertas eran esas denuncias. Tarea titánica en medio de esta espesa selva, que pese a todo, empezó a tomar forma. Si el Libro Azul era tenido en cuenta, el imperio de Julio Arana tenía los días contados, como también la Peruvian Amazon Company. "Estuvo ante la comisión el 13 de noviembre y el 11 de diciembre de 1912. Describió con precisión y sobriedad los que había visto con sus propios ojos en las caucherías: los cepos, el gran instrumento de tortura en todos los campamentos, las espaldas con las cicatrices de las flagelaciones, los látigos y fusiles Winchester que llevaba consigo los capataces (...) y el régimen de esclavitud, sobreexplotación y hambrunaa que estaban sometidos los indígenas". Era apenas una parte de los que sus ojos vieron bajo el inclemente ataque de insectos, víboras y enfermos en su viaje a la Amazonía."Con las lluvias y derrumbes, en pocos años no quedaría huella de esos campamentos donde la codicia y la crueldad humanas habían causado tantos sufrimientos, mutilaciones y muertes". Quizá lo único que extrañaba Casement era el calor humano. Esos adolecentes indígenas, inocentes de toda inocencia, cuyos cuerpos deseaba, extrañaba ahora. "En la oscuridad de su celda, suspiró, con deseo y angustia. Cerrando los ojos trató de resucitar aquella escena de hacía tantos años: la sorpresa, la excitación indescriptible, que, sin embargo, no atenuaba su recelo y temor, y su cuerpo, abrazando el del muchacho cuya verga tiesa sintió también frotándose contra sus piernas y su vientre".III. Irlanda.La mejor aventura estaba a punto de empezar. Paradójicamente no era a miles de kilómetros, sino en su propio país. En Irlanda, que desde su mente convulsa empezaba a florar como un país golpeado por el colonialismo inglés.Pero que trabajo perdido, que jugadas sucias lo tiraron a una celda a recordar con poco orgullo sus vanas intenciones. Casement nunca pudo ver su sueño cumplido, Irlanda seguiría siendo la misma que él conoció, y sus alianzas con Alemania, simplemente fueron el principio del fin, un salto al vacío, un suicidio."Años de sacrificio y empeño dedicados a Irlanda, perdidos sin remedio. Y él aquí en una cárcel inglesa, esperando el resultado de un pedido de clemencia que probablemente sería denegado. ¿No hubiera sido mejor morir allá, con esos poetas y místicos, pegando y recibiendo tiros?".Pese a los esfuerzos de algunos, la situación que lo enfrentaba con la corona no tenía marcha atrás. Su muerte era un paso inminente, el fin de una carrera acelerada por la reivindicación de los pueblos, el ocaso de la lucha por el significado de la libertad y la justicia. Que traidora había sido la vida, que resultado inesperado para una lucha que parecía tener sentido años atrás. Aunque en realidad los alemanes hicieron dudar a Casement. ¿Lo utilizaron los hombres del Reich? Fue un títere simplemente de los germanos?"Cumplo con el deber de comunicarle que esta mañana, 2 de agosto de 1916, el Consejo de Ministros del Gobierno de Su Majestad el rey se ha reunido, estudiado el pedido de clemencia presentado por sus abogados y que lo ha rechazado por unanimidad de votos de los ministros asistentes. En consecuencia, la sentencia del Tribunal que lo juzgó y lo condenó por alta traición se ejecutará el día de mañana, 3 de agosto de 1916, en el patio de Pentonville Prison, a las nueve de la mañana".Para Casement era el fin. Recibió la visita de su gran amiga, dos curas estuvieron con él en las últimas horas, pudo hablar con su carcelero y con alguien que pasó a la celda a tomar las medidas. La soga debería tener la resistencia que su cuerpo exigiera. Por su mente pasaron los sueños, las causas, los fracasos, el Congo, la Amazonía. Las canciones celtas que de niño apredió. Pero, por muy importante, eso no valía ya de nada, estaba muerto en Pentonville. <<Si contiene la respiración, será más rápido, sir>>. Le obedeció.
ELSTDLE 25.XI.11

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